Últimamente siento como mi voz va haciéndose cada vez mas pequeña, se desvanece y parecer perderse entre la bruma y la oscuridad que me rodean. Trato de ver donde me encuentro, pero simplemente no me puedo ubicar. Hace ya varios días que este sentimiento está dentro de mí, creciendo e inundándome. Hoy por fin pude ver que soy como un recipiente, de carne y hueso, pero al fin y al cabo un recipiente. Y como recipiente que soy, estoy rota, herida: puedo ver como hay diferentes cortes y cicatrices en la superficie. Algunos son profundos, otros solamente superficiales y las cicatrices solo se encuentran allí, decorando la superficie y resaltando las mismas imperfecciones que trato con tantas ganas de ocultar a los demás. Pero eso es tema de otro día.
Mi voz es como un aliento, suave, brumoso, inquieto, que da vueltas dentro de mí. El problema comienza cuando intento expresar alguna idea, algún sentimiento, una opinión. La voz se expande por todo mi ser, intenta apoderarse y extenderse por todo el recipiente y al hacerlo, se escapa por los cortes, a pedacitos y sin querer, en su viaje hacia su destino final, con menor consistencia cada vez. Para el momento en el que llega al lugar por el que debería salir está tan debilitada, falta de cuerpo, de energía, de fuerza, que lo único que sale es un débil aliento, sin suficiente nada para ser algo. Se esfuma. Me siento impotente e indefensa de ver como se escapa, sin poder hacer nada para que regrese, se quede junta, compacta, y siga su camino directo a donde debería ir: mi boca. Me frustro de saber que lo que diré se perderá, porque mi voz no es lo suficientemente fuerte para expresarme con plenitud.